Jaime La Rosa
Director General de MAINCOM
Más allá de los resultados electorales, Keiko Fujimori se ha consolidado como una de las figuras de mayor influencia de la política peruana del siglo XXI. Así lo refleja la Encuesta «El Poder en el Perú», elaborada por Ipsos, donde su nombre se ha convertido en una constante al momento de identificar a los personajes con mayor capacidad de incidencia en la vida política nacional.
Durante el presente siglo, el apellido Fujimori ha aparecido 33 veces en el Ranking del Poder. De ese total, Keiko registra 18 apariciones en los últimos veinte años, mientras que Alberto Fujimori suma catorce. El año de mayor presencia de la familia fue 2017, cuando tres de sus integrantes figuraron simultáneamente en la clasificación: Keiko ocupó el segundo lugar, su hermano Kenji el noveno y su padre Alberto el puesto 15.
La irrupción de Keiko Fujimori en el ranking estuvo estrechamente ligada a su ascenso político. Tras ser elegida congresista para el periodo 2006-2011 con la mayor votación del país, ya era considerada una de las parlamentarias más influyentes: ocupó el quinto lugar entre los congresistas con mayor poder y el sétimo entre las mujeres más poderosas del Perú. Un año después, en 2007, fue reconocida como la persona menor de 40 años con mayor influencia y proyección del país.
Su primera aparición en la Encuesta del Poder se produjo en 2008, cuando comenzaba a perfilarse como candidata presidencial. Desde entonces ha mantenido una presencia ininterrumpida en el estudio, consolidando un nivel de influencia que pocos líderes políticos han logrado sostener durante un periodo tan prolongado.
Las cifras son contundentes. En catorce oportunidades figuró entre las diez personas más poderosas del Perú y en siete ediciones alcanzó el Top 3. Además, fue considerada la segunda persona más poderosa del país en cuatro ocasiones: 2016, 2017, 2018 y 2024.
Que un líder de la oposición ocupe el segundo lugar del Ranking del Poder no constituye un hecho inédito. Ya había ocurrido en 2002 y 2004, durante el gobierno de Alejandro Toledo, cuando Alan García aparecía como el principal contrapeso político del entonces presidente. Sin embargo, el caso de Keiko Fujimori presenta una particularidad: logró mantener esa posición incluso durante el primer año de gestión de un nuevo mandatario, un periodo en el que, por lo general, el presidente suele concentrar el poder junto con su entorno político más cercano.
La encuesta reflejaba, además, el peso político que Keiko Fujimori había alcanzado a partir de la amplia mayoría obtenida por Fuerza Popular en el Congreso tras las elecciones de 2016. Esa percepción de influencia se mantuvo incluso cuando enfrentó uno de los momentos más complejos de su carrera política. Entre 2018 y 2019, mientras permanecía recluida de manera preventiva en el establecimiento penitenciario de mujeres de Chorrillos, continuó figurando entre las tres personas más poderosas del país.
Paradójicamente, el mismo estudio que la ubicaba entre las figuras con mayor capacidad de influencia también la señalaba, en 2016, como una de las personas con mayor potencial desestabilizador. Al mismo tiempo, aparecía entre los personajes que el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski debía escuchar con mayor atención. Esta aparente contradicción reflejaba el escenario político surgido tras una de las elecciones presidenciales más reñidas de la historia reciente, donde la oposición obtuvo una contundente mayoría parlamentaria.
Ese mismo año marcó un punto de inflexión en la percepción de su liderazgo. En la Encuesta del Poder, Keiko Fujimori quedó a solo cuatro puntos porcentuales del presidente Pedro Pablo Kuczynski, una distancia excepcionalmente reducida entre un mandatario en funciones y el principal líder de la oposición. Un escenario similar solo se había observado en contadas ocasiones, como en 2015, cuando Alan García apareció entre las figuras más influyentes durante el gobierno de Ollanta Humala, aunque entonces ocupaba el tercer lugar, por detrás de la primera dama Nadine Heredia.
No obstante, el momento en que Keiko Fujimori estuvo más cerca de encabezar el Ranking del Poder fue en 2024. Ese año quedó a un solo punto porcentual de la presidenta Dina Boluarte, en un contexto caracterizado por la elevada desaprobación del Ejecutivo, la fragilidad política del Gobierno y la percepción de que buena parte de las decisiones de mayor impacto se articulaban desde el Congreso de la República.
A lo largo de toda la serie histórica de la Encuesta del Poder, el primer lugar ha estado reservado para el presidente en ejercicio. Sin embargo, la trayectoria de Keiko Fujimori permite anticipar un escenario inédito. Este 2026 sería la primera ocasión en que encabezaría el Ranking del Poder no como líder de la oposición, sino como jefa de Estado, concentrando la posición de mayor influencia política del país de forma legítima y bajo un marco de liderazgo positivo.
Más allá de las valoraciones que genera su figura, los resultados de la Encuesta del Poder muestran que el liderazgo de Keiko Fujimori ha trascendido las coyunturas electorales. Su permanencia durante casi dos décadas entre las posiciones más altas del ranking confirma que continúa siendo uno de los actores políticos más influyentes del Perú y evidencia que el apellido Fujimori sigue ocupando un lugar central en la historia política contemporánea del país.

Gobernabilidad y poder a través de los años.
La gobernabilidad representa uno de los principales desafíos el próximo gobierno de Keiko Fujimori, que enfrentaría un escenario político muy distinto al de hace dos décadas. Un ejemplo ilustrativo es el segundo mandato de Alan García (2006-2011), donde la presidencia del Congreso estuvo siempre en manos de un representante del partido de gobierno, pese a que el APRA solo obtuvo 36 de los 120 escaños, equivalentes al 30 % de la representación parlamentaria.
Ese esquema nunca volvió a repetirse. En todos los gobiernos posteriores, la conducción del Congreso pasó, en algún momento, a una bancada distinta de la oficialista. La situación alcanzó su máxima expresión durante el periodo 2021-2026, cuando recién en febrero de 2026 un integrante del partido de gobierno, Perú Libre, asumió la presidencia del Parlamento. Se trató de José María Balcázar, quien posteriormente ocupó la Presidencia de la República.
Los factores que configuran el poder político también experimentaron profundas transformaciones durante las dos últimas décadas. En los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García, el ministro de Economía ocupó un lugar central dentro de la estructura de poder del Estado, al punto de aparecer de manera recurrente entre las posiciones más altas de la Encuesta del Poder.
Aunque el Ministerio de Economía y Finanzas continúa siendo una cartera estratégica, los resultados de los años posteriores muestran un desplazamiento del protagonismo hacia la figura del presidente del Consejo de Ministros. Esta evolución sugiere que la estabilidad política y la necesidad de construir consensos terminaron adquiriendo mayor relevancia que la conducción económica como eje del ejercicio del poder.
Otro cambio significativo se produjo en la composición del círculo de influencia presidencial. A comienzos de siglo, este era integrado principalmente por funcionarios que ejercían responsabilidades públicas. En 2006, por ejemplo, el entorno más cercano de Alan García estaba conformado por Jorge del Castillo, presidente del Consejo de Ministros; Luis Carranza, ministro de Economía; Mercedes Cabanillas, presidenta del Congreso; y Mauricio Mulder, parlamentario y uno de los principales voceros del oficialismo.
Ese patrón comenzó a modificarse durante el gobierno de Ollanta Humala. Entre las personas consideradas más influyentes en las decisiones presidenciales figuraban el asesor Adrián Villafuerte, su padre Isaac Humala y, sobre todo, su esposa, Nadine Heredia.
Si bien las encuestas de poder habían admitido anteriormente la presencia de una primera dama, ninguna había alcanzado un nivel comparable al atribuido a Heredia. Más allá de desempeñarse como presidenta del Partido Nacionalista, en el gobierno de Humala se generalizó una percepción de poder compartido que llegó a su punto máximo en el 2014, cuando la Encuesta de Poder de Ipsos registró un empate en el primer lugar entre el mandatario y su esposa. Un hecho inédito que solo se repitió en el 2023, cuando la presidenta Dina Boluarte compartió el liderazgo del estudio con su Premier Fredy Otárola.
Lo cierto es que la incursión de personajes sin cargo público en el círculo de influencia presidencial volvió a hacerse evidente en el gobierno de Pedro Castillo. Vladimir Cerrón, fundador de Perú Libre, no solo era percibido como la persona más influyente en las decisiones del mandatario, sino que además se posicionó en el segundo puesto de la encuesta de poder 2021 y a la vez, de forma contradictoria, fue considerado como el actor con mayor poder desestabilizador del país, seguido por el propio presidente de la República.

La evolución de los rankings también refleja un progresivo debilitamiento del poder político del oficialismo. Durante los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García, las principales posiciones de la Encuesta del Poder estaban dominadas por autoridades vinculadas al Ejecutivo. Aunque hacia el final de cada mandato aparecían líderes de la oposición —generalmente candidatos presidenciales—, el núcleo del poder seguía concentrado en los representantes del gobierno.
En contraste, durante los últimos años el Top 5 del estudio ha estado integrado mayoritariamente por figuras ajenas al oficialismo. Líderes como César Acuña, Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori han ocupado posiciones de alta influencia política, reflejando una creciente dispersión del poder y la pérdida de capacidad de liderazgo del Ejecutivo.
La transformación también puede observarse desde una perspectiva sectorial. Hace veinte años, la Encuesta El Poder en el Perú estaba dominada por ministros de Estado, congresistas, líderes políticos, altos funcionarios públicos, empresarios, periodistas, autoridades religiosas y representantes de la sociedad civil e intelectuales.
Actualmente, el estudio muestra una mayor presencia de actores políticos de diverso rango, así como de personajes cercanos al entorno presidencial que no ejercen funciones públicas. Al mismo tiempo, la figura del presidente del Congreso ha adquirido una influencia considerablemente mayor que en la primera década del siglo.
Otro cambio llamativo es el creciente protagonismo de actores procedentes de instituciones del sistema de justicia. Hace dos décadas, salvo una eventual aparición del ministro de Justicia, prácticamente no existían representantes de este sector dentro del ranking. En 2017, Duberlí Rodríguez, presidente del Poder Judicial, apareció en el puesto 16 como único representante del ámbito judicial. Un año después, la encuesta incorporó a cuatro autoridades de este sector, entre ellas el fiscal José Domingo Pérez, en un contexto marcado por las investigaciones del caso Lava Jato y la prisión preventiva de Keiko Fujimori.
Más allá de los factores coyunturales que explican la evolución de estos rankings, los cambios observados constituyen un reflejo de las transformaciones experimentadas por la gobernabilidad peruana durante las últimas dos décadas. También plantean una interrogante de fondo: hasta qué punto las prioridades del poder político han respondido a las principales preocupaciones de la ciudadanía.
En 2010, por ejemplo, la Encuesta del Poder preguntó cuáles eran las tres peores situaciones que podría enfrentar el Perú en los años siguientes. Entre las respuestas más frecuentes figuraron el crecimiento del narcotráfico, el deterioro de la seguridad ciudadana y la incapacidad del Estado para hacer frente a las presiones sociales. Tres años después, el estudio identificó a la minería ilegal y al crimen organizado como las principales amenazas para el desarrollo empresarial.
Casi quince años después, tanto la delincuencia como la minería ilegal se han consolidado entre los problemas más graves que enfrenta el país. Sin embargo, esa creciente preocupación social no se ha traducido en una mayor presencia del sector Interior dentro de los espacios de mayor influencia política. De hecho, el último ministro del Interior que logró ubicarse entre los diez personajes más poderosos del país fue Luis Alva Castro, en 2007. Desde entonces, la cartera responsable de la seguridad ciudadana ha desaparecido de los primeros lugares del ranking, pese a que la inseguridad se ha convertido en una de las principales demandas de la población.

El poder en el 2026.
La próxima edición de la encuesta El Poder en el Perú, elaborada por Ipsos y que será publicada por la revista Semana Económica antes de finalizar el año, marcará un hito en la historia del estudio. Por primera vez, Keiko Fujimori encabezará el ranking alcanzando el liderazgo absoluto del poder político de manera institucional y legítima, tal como ha ocurrido con todos los mandatarios en ejercicio.
El viaje de Keiko Fujimori dentro de la Encuesta del Poder constituye un caso singular. Durante casi dos décadas se mantuvo entre las figuras de mayor influencia del país, independientemente de ocupar o no un cargo público, y es en la actualidad el actor político con mayor presencia en el ranking durante el siglo XXI. Sin embargo, a partir del 28 de julio de 2026 ese capital político ingresará a una nueva etapa, donde la influencia deberá traducirse en capacidad efectiva para gobernar.
La evolución de la estructura del poder durante los últimos veinte años ofrece valiosas lecciones para el nuevo gobierno. En un escenario político más fragmentado y con múltiples centros de influencia, uno de los principales retos de la presidenta electa será restablecer la centralidad del poder presidencial y convertir esa influencia en una fuente de legitimidad democrática. Para ello, deberá fortalecer las instituciones, construir consensos y ejercer un liderazgo capaz de garantizar la estabilidad política y la gobernabilidad durante su mandato.
